¿Te cuesta decir que no? ¿Terminás haciendo cosas que no querés para no decepcionar a otros? ¿Sentís culpa cuando priorizás tus necesidades? Si respondiste que sí, este artículo es para vos.
¿Qué son los límites?
Los límites son las líneas invisibles que definen hasta dónde llegás vos y dónde empieza el otro. Son la forma de comunicar qué es aceptable para vos y qué no. Lejos de ser egoístas, los límites son actos de autocuidado y respeto mutuo.
¿Por qué nos cuesta tanto ponerlos?
Miedo al rechazo
Muchas veces aprendimos que para ser queridos/as teníamos que complacer a los demás. Decir que no se siente como arriesgarnos a perder el amor o la aprobación del otro.
Confundir amor con sacrificio
Creemos que amar significa estar siempre disponible, decir que sí a todo, anteponernos. Pero el amor sano incluye el respeto por nuestras propias necesidades.
Culpa internalizada
Sentimos que nuestras necesidades son menos importantes, que deberíamos poder con todo, que pedir algo para nosotros es ser egoístas.
Señales de que te faltan límites
- Te sentís agotado/a por dar demasiado
- Acumulás resentimiento hacia los demás
- Sentís que te aprovechan
- Decís que sí cuando querés decir que no
- Priorizás constantemente a otros sobre vos
Cómo empezar a poner límites
1. Identificá qué necesitás
Antes de comunicar un límite, tenés que saber qué es lo que te molesta o qué necesitás. Preguntate: ¿qué me está generando malestar en esta situación?
2. Usá un lenguaje claro y directo
No hace falta justificarte excesivamente. "No puedo" o "Prefiero no hacerlo" son respuestas completas. Si querés dar una explicación, que sea breve.
3. Sostené el límite
Es normal que al principio los demás resistan. Estaban acostumbrados a tu disponibilidad total. Mantené tu posición con firmeza y amabilidad.
4. Tolerá la incomodidad inicial
Vas a sentir culpa, es esperable. Pero esa culpa no significa que estés haciendo algo malo. Con la práctica, se vuelve más fácil.
Los límites fortalecen las relaciones
Contrario a lo que pensamos, poner límites no aleja a las personas. Las relaciones más sanas son aquellas donde ambas partes pueden expresar sus necesidades. Un vínculo que solo funciona si te anulás, no es un vínculo que te hace bien.
